En ocasiones, el cambio de estación genera depresión. Entérate cómo controlar los síntomas de esta enfermedad.
En invierno, cuando la luz solar disminuye y las horas del día se acortan, algunas personas, sobre todo las de la tercera edad, experimentan variaciones negativas en su estado anímico. Los especialistas llaman a este cuadro: Trastorno Afectivo Estacional (TAE) o, simplemente, depresión estacional; una descomposición químico-mental producida por la ausencia de luz solar en el ambiente.
Sus síntomas son similares a los de la depresión común: incremento del nivel de fatiga corporal, irritabilidad, mayor sensibilidad, pérdida de la concentración, dificultad para disfrutar las actividades cotidianas y somnolencia durante gran parte del día. Sin embargo, la diferencia radica en que el TAE no es producido por un motivo evidente, sino que se presenta conforme aparece el invierno y va disipándose con el inicio de la primavera. Cuestión de química Según la American Psychological Association, el grado de iluminación genera variaciones químicas al interior del cerebro. Este es el caso del neurotransmisor llamado serotonina, encargado de mantener activo nuestro organismo, así como de proveerle al cuerpo la sensación de bienestar. Sin luminosidad, sus niveles disminuyen, ocasionando desmotivación y fatiga en la persona.
Además, la luz está vinculada a la producción de melatonina: una sustancia que se activa en su ausencia conforme cae la noche, indicándole a nuestro reloj biológico que llegó la hora de dormir, y que cesa con la claridad del amanecer. Lo que sucede en los días grises de invierno, especialmente en los espacios al interior de los recintos, es que debido a la menor luminiscencia, la producción de melatonina continúa, causando somnolencia y retraimiento en el individuo.
Si bien estos procesos suceden de la misma manera en todas las personas, lo que la ciencia no termina de explicar es la razón por la que algunas personas desarrollan este desorden. Posiblemente se deba a que el TAE está asociado, además del factor físico externo mencionado, a determinadas características psicológicas propias de cada individuo: personalidad, tendencia a la depresión, entre otras. Solución al alcance Puesto que la causa del TAE es la falta de luz, un tratamiento eficaz consiste en recibir una exposición regular de esta en ambientes cálidos. Por eso, trasladarse a un escenario soleado es la alternativa más adecuada. Para el psicólogo Luis Venegas “una exposición de treinta minutos diarios a una típica mañana de primavera, durante una semana, bastaría para aliviar los síntomas”. Sin embargo, de no ser posible cambiar de clima, su médico podrá suministrarle la medicación pertinente.
Para tratar este desorden en países europeos y en los Estados Unidos, lugares donde la medicina alternativa goza de gran prestigio y las personas invierten más en su salud integral, se viene difundiendo desde hace varios años, un método llamado luminoterapia. Este consiste en irradiar al paciente energía de entre los 2.500 y los 10.000 lux (medida técnica) equivalente a cinco veces una oficina bien iluminada. Lamentablemente este método no ha sido muy difundido en el medio local, a pesar de su bajo costo y resultados comprobados.
Ahora bien, en caso usted presente los síntomas descritos, nuestra recomendación es que busque ayuda profesional para recibir el tratamiento pertinente.
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